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El sangriento legado del «Chino Malaco»: Del imperio de la extorsión al silencio mortal de una celda

El ascenso y la violencia desatada por el último cabecilla de "Los Plataneros" tuvo su final en el penal de Juliaca, en un momento en que otras organizaciones criminales imponen su terror en La Libertad. Justamente, la agrupación delictiva del "Chino Malaco" se enfrentó en años pasados contra "La Jauría" y "Los Pulpos" y fue una de las primeras en infiltrarse en instituciones y "blanquear" su dinero mal habido en florecientes negocios.

La historia de César Velásquez Montoya, más conocido en el mundo del hampa como «Chino Malaco», representa uno de los capítulos más oscuros de la seguridad en Trujillo. Desde su bastión en el distrito de La Esperanza, logró estructurar a «Los Plataneros» como una organización criminal de gran alcance, dejando de lado el robo común para dominar la economía delictiva de toda La Libertad.

Junto a su pareja, Erica Rodríguez Arce, perfeccionó la extorsión bajo una fachada de legalidad, utilizando sindicatos de construcción civil para infiltrarse en obras y exigir «cupos» a constructoras, transportistas y comerciantes. Esta red fue tan vasta que las investigaciones por lavado de activos detectaron un patrimonio, entre inmuebles, vehículos y cuentas a nombre de testaferros, valorizado en cerca de 10 millones de soles.



Esta lucha por la hegemonía del cobro de cupos en los paraderos de microbuses y el sector construcción convirtió a la ciudad en un escenario de balaceras constantes, atentados con explosivos y asesinatos selectivos.

«Malaco» no sólo era un extorsionador; era un estratega que utilizaba sicarios adolescentes para eliminar a sus rivales de las bandas enemigas, aprovechando la inimputabilidad de los menores.

Lo que realmente lo hizo peligroso fue su capacidad de infiltración en las instituciones. El «Chino Malaco» logró establecer vínculos con malos elementos de la Policía y círculos políticos locales para obtener protección y alertas sobre operativos.

En julio de 2015, logró escapar de forma cinematográfica por los techos durante un megaoperativo de 500 agentes, lo que llevó al Estado a ofrecer una recompensa de S/ 100,000 por su «cabeza». Su vida en la clandestinidad terminó en agosto de 2016, cuando fue capturado en una vivienda en El Milagro, poniendo fin a su reinado en las calles.

El día que fue capturado en Trujillo.

Tras ser condenado, fue rotado por varios penales de máxima seguridad para intentar anular su poder operativo. Sin embargo, su historia llegó a un final violento este lunes, 4 de mayo, en el penal de Juliaca (La Capilla). Aunque las autoridades suelen reportar estos hechos inicialmente como «grescas», la información confirmada indica que Velásquez Montoya fue ejecutado a disparos dentro del recinto.

El hecho de que se haya filtrado un arma de fuego en un penal de máxima seguridad para asesinarlo revela que se trató de un ajuste de cuentas planificado al más alto nivel del hampa. Con su muerte, se cierra la era de uno de los criminales más temidos de Trujillo, dejando tras de sí un historial de violencia que la provincia todavía lucha por superar.

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