Guamán Poma de Ayala
En mí hay dos mundos que tiemblan
Uno, andino, puro y lleno de animales divinos
El otro, español, sucio y con un dios que escupe lágrimas de fuego
Desde sus altos reinos.
Mi corazón era una serpiente que rompía
La tierra para llegar al cielo
Pero que tiempo después se convirtió
En un toro atrapado en una ciudad de agua.
Mis antepasados fueron los incas.
Mi tío trajo hombres negros desde islas lejanas
Mi primo hermano clavó mariposas negras
En el pecho de sus hombres
Mientras moría desangrado
Por traición en una mesa de piedra.
Mi madre era una india que se extinguía entre los pastos
Y mi padre un indio
Que arrancó a la muerte de raíz
En la garganta de un español llamado Ayala.
Cansado y temeroso
De andar perdido en este mundo
Empecé a quitarles las almas
A las plantas
A los cerros
Y a los animales
Para escribir las más tristes y bellas historias
De mi pueblo.
Estas manos que tiemblan por las noches
Guardan el rencor de los pájaros
Que enmudecieron sus cantos
Aquella tarde
En que los mitos
Sangraron por primera vez.
Desde entonces
Yo, triste puma hambriento
Camino de pueblo en pueblo
Buscando las sombras de los dioses
Que nos gobernaron alguna vez
Y que ahora no son más que lágrimas
En los sucios rostros de mis hermanos.
Y yo escribo sus vidas
Para inventar la mía.
Porque en mi alma muere un indio
Con un rosario entre sus manos.
Así llegaré hasta la España de Pizarro y de Almagro
Y mi corazón bailará
En una rebelión de huacas
Y mis dibujos
Serán como los enormes diluvios
Que nos manda Virakocha
Para destruir un mundo
Y crear otro
Más luminoso
Más legendario
Y más justo.
Cactus
Líquido ancestral que nace de mis vértebras
Serpiente blanca que forma nudos en tu cuerpo
Espirales de luz que atraviesan tu garganta
En una explosión de amor y de huesos
Restos de estrellas en la comisura de tus labios
Sombras mojadas que ahuyentan el miedo y la angustia.
Y de pronto nos hemos encontrado, amor
En las ruinas que veíamos cada tarde al salir del trabajo
Y te he mirado y me has mirado, y hemos buscado una razón a la existencia del tiempo
Y a los conjuros que creímos nuestros mientras nuestros ojos se unían
Como un cuerpo celeste en el vacío del espacio
Y los días pasaban como las pastillas contra la migraña
Que dejé de tomar hace ya algún tiempo.
Y de noche, cerca de los fantasmas que te impiden cerrar los ojos
Cuando tus hijos duermen
Mi carne se ha abierto como una planta carnívora
Y ha tatuado heridas luminosas
En tus uñas que abrieron caminos sobre las paredes.
Y no ha quedado nada más por hacer.
Algún día tuvieron que crecerle alas a la muerte
Algún día tuvimos que encontrarnos.
Historia general del Perú antiguo
Hace muchos años, cuando la luz nacía desde el fondo de los lagos y eran puras las arenas que cubrían los desiertos, hombres y mujeres llegaron desde lejos, desnudos y hambrientos buscando bestias con qué saciar su hambre. Alargaron sus lenguas entre las piedras más frías para calmar su sed y la de los hijos de los hijos que brotaban como lágrimas acorazadas a los huesos.
Consumados y perdidos …
Construyeron pirámides de barro y relojes de piedra, sintieron en sus gargantas las carnes temblorosas del espanto, descubrieron plantas mágicas que permitían vislumbrar imágenes primigenias y pintaron de rojo los cuerpos de sus muertos para luego enterrarlos como semillas en las enormes grietas que se abrían al pie de los blancos cerros.
Cuando anochecía, los hombres restregaban sus cuerpos a la de sus mujeres hasta herirse y quedarse dormidos. Soñaban entonces con otros hombres de pieles luminosas y de sexos descomunales que llegaban cabalgando en grandes animales alados, con el corazón lleno de fuego, hablando en otras lenguas y convirtiendo a las estrellas en cenizas con tan solo escupirlas.
En medio de sus angustias, edificaron templos majestuosos en honor a sus huacas que crecían como raíces adheridas a sus vértebras. Quemaron la cabellera de los que eran elegidos chamanes e hicieron nacer pájaros de las hojas que caían desde los más altos árboles para que atravesaran sus pechos y así les enseñaran a migrar a otros mundos menos terribles.
Y en cada amanecer lloraban y lloraban hasta que sus ojos se convertían en extraños lenguajes sobre el mural de los mitos.
Ellos fueron mis antepasados:
Antiguos guardianes del viento
Cadáveres envueltos en tejidos de fuego
que me abrazan para decirme que nunca estaré solo.
Joe Guzmán
Docente egresado de la Universidad Nacional de Trujillo. Primer puesto en los Juegos Florales Interuniversitarios de poesía organizados por la misma casa de estudios (2012), segundo puesto en el Concurso Nacional de Relato Corto A toda página de El Cultural (2012) y accésits en el Concurso Nacional de Poesía de la Feria Internacional del Libro de Trujillo (2016), el II Concurso Nacional de Poesía Huauco de Oro (2017) y el XVII Concurso Nacional Juvenil de Cuento Germán Patrón Candela (2017). Autor del poemario “La arqueología del caos” (Paloma Ajena Editores, 2022) y del libro de artículos literarios “Anfetaminas y otras dosis” (Editorial Disicultura, 2023).