Willie Colón no es cualquier ícono de la música. Fue cantante, poeta, arreglista, productor y director musical. Su carrera musical empezó a los 16 años y ha dejado más de 30 discos, nueve Discos de Oro y cinco de Platino. Su éxito está refrendado por más de ocho millones de discos vendidos.
El también trombonista y compositor, fue un pionero de la salsa desde los tiempos en que hacía colaboraciones con Héctor Lavoe. Estos dos gigantes que ya están en la otra dimensión, firmaron en 1967 el álbum El Malo, bajo el sello Fania Records. Así nació uno de los dúos más influyentes de la salsa. Los éxitos Calle Luna, Calle Sol, CheChe Colé y El día de mi suerte, convirtieron a Willie Colón en una figura clave de la salsa en los años setenta.
Luego vinieron los triunfos junto al panameño Rubén Blades, muy activos a finales de los setenta y primeros años de los ochenta del siglo pasado. Luego, Colón hizo un breve paréntesis en solitario y retornó en conjunto a los escenarios en los noventa.

Boricua hasta la médula
Willie Colón fue el más boricua de los neoyorquinos en un Estado vive más de un millón de puertorriqueños.
Su amor por Puerto Rico lo demostró a lo largo de sus más de 60 años de carrera artística. La prueba más palpable fue su disco Hecho en Puerto Rico en el que dejó constancia de su adherencia a la tierra donde nació su familia.
Su vínculo más íntimo con la isla fue su abuela Antonia Román Pintor. Aunque para todos era un nuyorican (puertorriqueño nacido en Nueva York), su abuela lo crio repitiéndole todos los días: “No olvides que tú eres puertorriqueño”. Esto lo contó en una entrevista con la agencia Efe en junio de 2013.
Colón llamaba a su abuela “jibarita de Manatí”, por la localidad de Puerto Rico de donde procedía, y de donde salió a los 22 años, en busca de una vida mejor. Toña “murió a los 91 [años] sin saber inglés”, contó su nieto.





