El sistema electoral peruano acaba de recibir un golpe de timón en un momento crítico. Piero Corvetto, titular de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), presentó su renuncia irrevocable este martes, asumiendo la responsabilidad política por las graves fallas logísticas que empañaron la primera vuelta del pasado 12 de abril.
A través de una carta dirigida a la Junta Nacional de Justicia (JNJ) y difundida en sus redes sociales, Corvetto justificó su salida como un gesto necesario para garantizar la estabilidad del país. Según el exfuncionario, su permanencia podría haber viciado el clima de la segunda vuelta:
«No me encuentro en situación de ofrecerle [estabilidad] a mi patria… considero necesario e impostergable renunciar para que la segunda vuelta se ejecute en un contexto de mayor confianza ciudadana».
Un vacío legal y una crisis de eficiencia
Aunque la ley orgánica de la ONPE estipula que el cargo es irrenunciable mientras un proceso electoral esté en curso, la JNJ aceptó la dimisión de forma unánime bajo la figura de «impedimento debidamente fundamentado». La presión sobre Corvetto se había vuelto insostenible tras los incidentes en Lima Metropolitana, donde:
Cinco centros de votación no recibieron material a tiempo.
Cientos de mesas tuvieron que instalarse, de forma inédita, un día después (lunes 13).
Se registraron demoras de varias horas que generaron indignación y sospechas de negligencia.
La salida de Corvetto no lo exime de responsabilidades. Actualmente, se encuentra bajo investigación preliminar por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) debido a los fallos en la cadena de suministros electoral. Al respecto, el ahora exjefe de la ONPE aseguró estar a total disposición de las autoridades para esclarecer los hechos.
Mientras el país se prepara para elegir presidente en junio, la JNJ deberá actuar contra reloj para designar un liderazgo que logre borrar la mancha logística de la primera vuelta y asegure una transición democrática sin sobresaltos.





